Desde cuando la política de producción y comercio se enfocó en la “apertura económica”, se han firmado numerosos TLC con diversos países y se han producido desgravaciones arancelarias unilaterales cuya consecuencia, combinada con otros factores, ha sido la progresiva desindustrialización y el desmantelamiento del sector industrial.

Cuando los precios internacionales de los commodities y las materias primas -en particular carbón y petróleo- se redujeron sustancialmente produciendo balanzas comerciales deficitarias en los países exportadores, se vio que estos confiaron en que esa bonanza no tendría fin e ignoraron que la capacidad de crear riqueza es más importante que la riqueza misma. La riqueza se logra mediante la agregación de valor por medio del trabajo formal y el desarrollo tecnológico.

El caso colombiano es particularmente grave por la desaparición de buena parte de la industria manufacturera y la agroindustria. Se importa gran parte de los alimentos que tradicionalmente se producían, poniendo en riesgo la seguridad y la soberanía alimentaria nacional. Colombia importa anualmente cerca de 16 millones de toneladas de productos agropecuarios. Los únicos productos significativos de exportación de esta categoría son banano y café. Vale recordar que en el TLC con Corea se excluyó el arroz por solicitud de ese país, que se empeñó en proteger su producción.

Con los TLC hemos entregado nuestro mercado, que siendo atractivo para los extranjeros es despreciado por nosotros. Esto a cambio de una expectativa, que con gran esfuerzo ha logrado colocar afuera muy pocos productos nuevos a un alto costo.

En los siguientes cuadros se observa la evolución de la Balanza Comercial entre 2010 y 2022 pasando de un superávit a un déficit sostenido desde 2014 hasta hoy. Las fuentes de los datos son: Mincit y Dane con corte al 31/12/2022. Y todas las cifras se expresan en millones de dólares. Nótese que las exportaciones del año 2022 son inferiores a las del 2012.

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