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(Portafolio) Pese a la reactivación, aumenta el cierre de compañías en el país

Gremios de varias actividades hacen un balance del año en esa materia. Insisten en alivios en impuestos y mejoras en financiación.

Recientemente la Superintendencia de Sociedades presentó el Atlas de Insolvencia, en el se vio que, en los primeros seis meses de 2021 el número de solicitudes para este proceso se incrementó 36 % frente al mismo periodo del año pasado.

El resultado, como ha venido manifestando este año la entidad, puede obedecer a que el trámite tiene un periodo de maduración de hasta 18 meses por lo que los cierres de las compañías se empiezan a evidenciar este 2021. Un síntoma que también es evidente desde las líneas gremiales en varios sectores.

En lo corrido del año hasta agosto, cerca del 169.603 de las mypymes han cancelado su matrícula mercantil. Donde, los sectores más afectados han sido comercio y servicios”, expresó Rosmery Quintero, presidente de Acopi.

De acuerdo con la dirigente del gremio de los microempresarios en adelante se espera que las empresas que han podido sobrevivir a la crisis económica puedan acceder a los mecanismos de financiación del Gobierno para lograr adoptar estrategias que apunten a mantenerse en el mercado y recuperar empleo.

De otro lado, para compensar el número de establecimientos gastronómicos que se han perdido, Acodres, la Asociación que los representa, anota que hay que mirar hacia planes de expansión que permitan la apertura de nuevos puntos.

Y para esto “es vital contar con la extensión por un año del alivio de impoconsumo e IVA para establecimientos”, como señala Guillermo Gómez, presidente del gremio. De este sector, son 48.100 las empresas cerradas, de 90.000 que habían antes de pandemia.

Asobares, por su parte, dice que las cifras de la cámara de comercio, que están actualizadas al año pasado, arrojaron que 8.449 unidades productivas asociadas a la actividad cerraron por la pandemia.

No obstante, Adriana Plata, la presidenta ejecutiva nacional, anota que se estima que esto pueda aumentar por las restricciones del primer semestre que tuvieron a enero con cuarentenas y a febrero, abril y mayo con toques de queda nocturnos. Eso, sin contar el efecto del paro nacional.

En este 2021 también ha habido un impacto sobre las agencias de viaje, ya que al comparar las cifras de renovaciones del Registro Nacional de Turismo con el 2020 se sigue presentando una caída del 29 %.

Además, Paula Cortés, la presidente ejecutiva de Anato, el gremio de las agencias de viajes, expresa que en la más reciente Encuesta de Reactivación realizada a sus afiliados, el 51 % de las estas empresas aseguró que está operando con pérdida financiera.

En último lugar, aunque Fenalco aseguró no tener cifras de cierres, un estudio reciente dejó en evidencia la advertencia de que 11.000 tiendas están en riesgo de desaparecer por la pandemia y los obstáculos que se siguen presentando para operar. 

Así, para el 43,3 % de los tenderos el primer factor que afecta en la actualidad es el pago de diferentes impuestos, tanto nacionales como municipales y un 20% destaca las ventas han estado muy por debajo de lo normal.

Tomado de: Portafolio

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(El Tiempo) ¿En qué están pensando?

Por: José Manuel Acevedo

Qué piensan los jóvenes que reniegan del sector productivo, pero también piden trabajos de calidad.

Según la más reciente encuesta revelada por Gallup, en los últimos 20 días de paro la imagen positiva del sector empresarial en Colombia subió del 48 al 62 por ciento. La noticia sería muy buena de no ser porque para llegar a esa cifra muchos tuvieron que quedar tendidos en el camino y otros más todavía no se reponen de lo que ha pasado en este cruento mes.

Algunas personas han comenzado a entender, lenta y dolorosamente, que el empleo no se genera solo; que el Estado no produce puestos de trabajo de manera silvestre y que los impuestos que sostienen causas necesarias como la ‘renta básica’ o la ‘matricula cero’ dependen de que existan empresas que puedan pagarlos.

Por años, el Sena o el ICBF gozaron de una percepción bastante favorable, y muy pocos se preguntaron de dónde salía la plata para que ese par de instituciones funcionaran de la forma como lo hacían. La verdad es que fueron los aportes parafiscales que pagó el sector productivo los que permitieron que estas y otras instituciones como las cajas de compensación, queridas por los colombianos, operaran en Colombia. El problema es que ni los ciudadanos se interesaron en establecer ese vínculo causal ni nadie se lo explicó bien a la gente y en medio de esa pasada de agache, los populistas la emprendieron contra ‘la gran empresa’, socavaron la imagen de los empresarios y han hecho que hoy, el 40 por ciento de los encuestados tengan una mala referencia de las empresas y de sus dueños en el país.

Me preguntó qué estará pensando ese 40 por ciento de ciudadanos que, en otras mediciones y en otros momentos, han llegado a ser la mayoría. ¿Qué opinarán de que más de 40.000 empresas tuvieran que ser cerradas temporal o definitivamente en las últimas semanas, según ha reportado Fenalco? ¿Creerán que les están haciendo mal a unos ricos indolentes cuando los que se están quebrando son los micro y medianos empresarios jóvenes que apenas comenzaban o que iban a mitad de camino? ¿Qué se sentirá romperle el vidrio a una vitrina de un pequeño comerciante cuyo único ‘error’ es tener su negocio en una de las vías por las que pasan las marchas de los que protestan? Es más, ¿qué se sentirá acabar con una sucursal de un almacén y saber que los principales perjudicados son los cajeros, empacadores y vendedores que probablemente pierdan sus trabajos si ese negocio no puede volver a abrir sus puertas?

¿En qué están pensando los jóvenes que reniegan de la existencia del sector productivo, pero al mismo tiempo piden trabajos de calidad? Es verdad que el silencio histórico de los gerentes de las empresas y de quienes sudaron la camiseta para tener un negocio próspero ha pasado factura. Es cierto que han hecho falta evangelizadores de la iniciativa privada, pero es verdaderamente increíble que en el país donde la gente se muere más de envidia que de cáncer, como diría Cochise Rodríguez, generar utilidades lícitas y tener éxito en los emprendimientos se volviera el peor de los pecados.

Las sociedades que progresan y que han logrado disminuir las brechas de desigualdad son aquellas en las que los empresarios que han hecho las cosas bien son vistos como los héroes contemporáneos; los modelos para seguir. En Colombia, en cambio, hay que ver lo que le pasa al que hace crecer su modelo de negocio y prospera. Cuando no es el Estado el que le mete mano con impuestos absurdos, son un grupo de jóvenes y su ‘mesías político’ los que quieren verlo fenecer.

¿En qué están pensando, en fin, los que todavía no se dan cuenta de que es con más empresas, y no con menos, como vamos a salir de esta horrible crisis? ¿En qué carajos están pensando?

Tomado de: El Tiempo

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La recuperación económica necesita una política industrial

Este boletín tiene por objetivo analizar los principales determinantes del comportamiento del sector manufacturero en el contexto de la economía nacional, tomando como base de análisis la información publicada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) y compararlo con la información similar disponible de otros países y los análisis de perspectivas de los principales actores de la economía nacional.

LA ECONOMÍA COLOMBIANA

La economía colombiana tuvo un crecimiento anual de 1.1% en el primer trimestre de 2021. Desde el inicio de la pandemia este es el primer comportamiento trimestral positivo, el cual estuvo estimulado por el desempeño de la industria manufacturera, los servicios de salud, el comercio y la producción agropecuaria, principalmente. Al revisar el impulso de la actividad económica durante el primer trimestre de 2021 comparándolo con el crecimiento del trimestre anterior, es el crecimiento inter-trimestral más bajo desde la fuerte contracción de la economía en el segundo trimestre del año anterior, lo cual muestra que la economía aún no se recupera totalmente del impacto de la pandemia.

Es preciso señalar que, durante el primer trimestre de 2020 la economía colombiana ya sentía los efectos de la pandemia, pues el comercio internacional comenzó a ver los primeros cierres generalizados en los mercados más importantes de Asia y Europa. De hecho, durante el primer trimestre de 2020 el crecimiento trimestral de la economía colombiana fue de -2.68%. En este sentido, al revisar la variación con respecto al nivel de actividad dos años atrás, en el primer trimestre de 2021 la economía creció apenas un 1.69%, nivel muy inferior al reportado en periodos anteriores (2020 I, 4.16% y 2019 I, 5.24%).

Durante 2019 el PIB medido trimestralmente venía creciendo muy lentamente, tuvo una caída brutal los dos primeros trimestres de 2020, un rebote en el tercer trimestre de 2020 y de allí en adelante ha venido disminuyendo su ritmo de crecimiento.

LA INDUSTRIA MANUFACTURERA

Con respecto a la variación anual de la industria manufacturera, pocos sectores presentaron comportamientos negativos durante el primer trimestre de 2021. Las actividades más golpeadas fueron el procesamiento de carne, la elaboración de productos de café y azúcar o panela, la fabricación de papel, cartón y sus productos y la fabricación de vehículos automotores, remolques y semirremolques y de otros tipos de equipo de transporte. Esta última, fue la única actividad que reportó una variación negativa dentro de las actividades relacionadas con el sector automotor con una caída anual de -6.7% anual.

Al revisar la senda de crecimiento anual y bianual del sector industrial colombiano es claro que el sector no se encontraba en su mejor momento antes de la pandemia, pues durante el año 2019 el crecimiento anual fue en muchos casos negativo. Por lo tanto, el crecimiento anual de 22.5% del primer trimestre de 2021 refleja que la actividad industrial en el país se está recuperando lentamente, particularmente por el relajamiento de las medidas para la contención de la pandemia, sin embargo, es evidente que aún no llega a los niveles de actividad que tenía antes de la pandemia, los cuales eran en sí mismo bajos.

En contraste con la dinámica positiva mostrada en el PIB, al revisar los principales resultados de las encuestas económicas del DANE, llama la atención que, para el caso del sector industrial, las actividades relacionadas con el sector automotriz mostraron un comportamiento preocupante, especialmente en el caso de la fabricación de carrocerías, la cual presentó una disminución de 65.7% en sus ventas reales.

Mientras la mayoría de las actividades industriales reportaron un crecimiento de su producción y ventas, para el empleo la situación es dramática, pues el 75% de las actividades continúan reportando disminuciones en la mano de obra empleada, lo cual indica que los sectores industriales que mayor recuperación han tenido, son los menos intensivos en este recurso.

BALANZA COMERCIAL

En lo corrido del año hasta marzo, la balanza comercial ha presentado un déficit de USD 3008 millones, siendo mayor el déficit con China en USD 2173 millones, explicado por la amplia importación manufacturera del país asiático.

•Las exportaciones del sector manufacturero fueron de USD 720,3 millones, con un incremento del 15.2% respecto al año anterior y una participación del 21.6% del total de exportaciones. Los tres productos de mayor exportación fueron: plástico en forma primaria (16.1%), aceites esenciales (7.9%) y maquinaria, aparatos y artefactos eléctricos (7.9%). Los aparatos y equipos de telecomunicaciones presentaron el mayor aumento en el primer trimestre de un 111.8%.

•Las importaciones del sector manufacturero fueron de USD 3.842,06 millones, con un aumento del 43.2% respecto al año anterior y una participación del 77.8% del total de importaciones. Los 3 principales productos importados son: vehículos de carretera (11.3%), aparatos y equipos de telecomunicaciones (8.5%) productos medicinales y farmacéuticos (7.6%). Los otros equipos de transporte presentaron el mayor incremento variación en el primer trimestre con un 153.6%

CONCLUSIÓN

Como conclusión se puede apreciar que el débil comportamiento de la economía antes de la pandemia, se vio agravado por ella y posteriormente la recuperación no ha permitido llegar a los niveles anteriores y se mantiene la tendencia de aumento del déficit comercial y comportamiento deficiente de la industria que hubiera podido jugar un papel de liderazgo en la reactivación.

PRO-INDUSTRIA-Boletin-Junio-2021

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(Forbes) Contrabando y competencia desleal: la dura crisis que enfrentan los textileros colombianos

Por Kevin Steven Bohórquez

El contrabando, el dumping laboral y la competencia desleal siguen desnudando la crisis que enfrenta la industria textil nacional. El Gobierno dice que ya hay medidas para recuperar lo perdido, pero los empresarios advierten que el sector ‘pende de un hilo’. ¿Cuáles son las salidas?

Son varios los rostros los que han desnudado la crisis que atraviesa la industria textil en Colombia. A decenas de empresarios les ha tocado cerrar de manera definitiva en los últimos meses y a un puñado de madres cabezas de familia buscar nuevas oportunidades. Donde antes se veían retazos, alfileres, máquinas de coser, hilos y muestras, hoy son bodegas vacías y en arriendo, que muestran los estragos de la pandemia y la difícil situación del sector.

La pandemia, tal y como advierten los empresarios, es tan solo la punta del iceberg de toda esta situación. De ahí para abajo están una suma de factores que han puesto al sector a ‘pender de un hilo’ y a exigirle al Gobierno Nacional nuevas medidas que les permita ser más competitivos. Se trata de problemas de vieja data como el contrabando, el lavado de activos, la competencia desleal y la estructura de costos, que no permite que el empresariado colombiano tenga los mismos márgenes que en los países asiáticos.

Son varios los rostros los que han desnudado la crisis que atraviesa la industria textil en Colombia. A decenas de empresarios les ha tocado cerrar de manera definitiva en los últimos meses y a un puñado de madres cabezas de familia buscar nuevas oportunidades. Donde antes se veían retazos, alfileres, máquinas de coser, hilos y muestras, hoy son bodegas vacías y en arriendo, que muestran los estragos de la pandemia y la difícil situación del sector.

Varias compañías se han reinventado, volcando su producción a atender el sector salud o las nuevas tendencias del mercado. Otras, por el contrario, no han podido sostener la operación ni tejer un nuevo camino. De fondo, las cifras son claras y muestran una dura realidad: más de 120.000 empleos perdidos en el último año, un poco más de 6.000 pymes en quiebra, una caída de 22.3 % en la producción y unas ventas, que, muy en línea con todos los sectores económicos, se han hundido hasta registrar un -18.6 %.

La pandemia, tal y como advierten los empresarios, es tan solo la punta del iceberg de toda esta situación. De ahí para abajo están una suma de factores que han puesto al sector a ‘pender de un hilo’ y a exigirle al Gobierno Nacional nuevas medidas que les permita ser más competitivos. Se trata de problemas de vieja data como el contrabando, el lavado de activos, la competencia desleal y la estructura de costos, que no permite que el empresariado colombiano tenga los mismos márgenes que en los países asiáticos.

La Cámara Colombiana de la Confección y Afines ha estado al frente de esta situación durante los últimos años y ha puesto sobre el tapete la discusión. Argumentando que están en riesgo más de 1,6 millones de empleos y alrededor de 70.000 compañías que están constituidas legalmente, Camilo Rodríguez, presidente del gremio, explica que hoy la lectura es crítica, pues solo en 2020 se dio una caída de 24,3 % en la generación de nuevos puestos de trabajo.

“Es una leve radiografía del sector, donde se nota una latente crisis, fruto de una masiva importación de minutos de mano de obra en prendas, contrabando rampante y una excesiva carga impositiva”, explica Rodríguez, en diálogo con Forbes. “Con nuestro costo país, aranceles a materias primas como los hilos, fuera de la mala infraestructura, Colombia está en desventaja”.

Uno de los líos que se ha agudizado radica en las importaciones y la competencia desleal que se ha tejido en las grandes adenas de suministro de esta industria. Gran parte de las prendas de vestir que se consumen en Colombia llegan de países asiáticos como Bangladesh, Vietnam, Laos, Cambodia, Myanmar y China. En estos destinos, el brazo del Estado interviene con incentivos al pago de servicios públicos, beneficios al exportador y créditos subsidiados, lo que permite cuadrar costos y ofrecer un producto a bajo precio, muy por debajo al que se produce en el país.

A esto se suma, incluso, un componente adicional que no permite cuadrar la estructura de costos: mientras en Bangladesh, por ejemplo, se paga alrededor de US$50 al mes por jornadas laborales de ocho horas diarias, en Colombia el salario mensual es de US$400 por el mismo periodo de trabajo. “Son salarios de hambre seis veces más baratos”, advierte Rodríguez, quien añade que esta diferencia constituye un dumping laboral, que no permite competir bajo las mismas condiciones de mercado.

“Con nuestro costo país, aranceles a materias primas como los hilos, fuera de la mala infraestructura, Colombia está en desventaja”. Camilo Rodríguez, presidente de la Cámara Colombiana de Confecciones y Afines.

Para el gerente general de Patprimo, Guillermo Criado, las reglas de juego de algunos países orientales y africanos van en línea con el desarrollo industrial del sector. Con las tasas de interés a los créditos, el valor del kilovatio hora y la mano de obra barata, una sola prenda cuesta hasta 6.000 pesos menos en China, que en Colombia. Esto sin duda pone en desventaja a los empresarios locales, que no han logrado soportar estos costos.

“Pedimos que se busquen instrumentos arancelarios, que permitan equilibrar la cancha de juego”, dice Criado, y agrega: “El sector está pidiéndole al Gobierno que haga unas normas que cuiden la industria nacional y los empleos. Es decir, generar condiciones para que la industria nacional no sea afectada por la importación de estos países”.

Pero este flagelo no es el único que afronta el empresariado. Hoy, una de cada tres prendas que se venden en el mercado nacional son de contrabando, lo que en cifras gruesas serían alrededor de $690.000 millones, según cifras de Inexmoda. Esto no solo se da por la evasión de impuestos, sino además porque se establecen empresas de papel, que importan productos a precios irrisorios a través de subfacturación. Es decir, para pagar menos aranceles al ingresar las prendas al país.

La entrada de todo este tipo de productos ha ampliado el déficit comercial del sector, agravando la sostenibilidad empresarial, advierte Criado y Rodríguez. ¿La razón? Mientras en 2020 se importaron US$1.684 millones, solo se exportaron tan solo US$512 millones. “Generamos tres veces más empleo en Asia que en nuestro país y así es muy difícil sostener la operación”, dice el presidente del gremio.

Pese a la fortaleza operativa y financiera, la crisis al parecer también le toca las puertas a las pequeñas y a las grandes. Una muestra de esto es que, si bien Fabricato y Coltejer solo están en el negocio de producción de tela y no las confecciones, han mostrado resultados muy en línea con la dinámica del sector. En 2020, por ejemplo, Coltejer registró pérdidas por $94.000 millones, mientras Fabricato por $82.391 millones.

Gustavo Lenis, presidente de Fabricato, le explica a Forbes que la mayor afectación se da en el sector de confecciones. “Es imposible igualar los gastos inherentes a la operación, pues los salarios con prestaciones sociales son más altos en Colombia, que en India y China. El lío radica en la fábrica, pues es un problema de costos, que debe ser revisado con nuevos aranceles”, señala el directivo de la compañía nacional.

El dilema

El Gobierno Nacional es consciente de la situación y ha trabajado en ejes estratégicos que permitan equilibrar la cancha y dar un respiro a los empresarios. Estas decisiones, que se han tomado desde el despacho del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, incluso antes de la pandemia, han sido bien vistas por algunos, pero rechazadas por otros. Todo esto viene, de hecho, desde el Plan Nacional de Desarrollo cuando se incluyeron los aranceles en los artículos 274 y 275 en el Decreto 1419.

La norma establecía un aumento del 15 % al 37,9 % para las importaciones de prendas cuando su precio fuera inferior o igual a US$20 por kilo. De ahí para arriba, el impuesto sería del 10 %, que representaba más de US$3 por kilo. Aunque en su momento fue una decisión celebrada, generó polémica en algunos sectores y fue demandada. Así, a dos meses de iniciar la pandemia, la Corte Constitucional declaró inexequibles estos impuestos al argumentar que solo el presidente podía eliminarlos y no el Congreso, pues así había quedado en la norma.

A lo largo de esta pandemia, el Gobierno se sentó de nuevo con varios actores del sector privado y público. En medio del declive en ventas, a causa del coronavirus, se organizaron y estructuraron nuevas propuestas para tejer la recuperación del sector. José Manuel Restrepo, ministro de Industria cuando se hizo esta historia, le explica a Forbes que se concretó una estrategia de varios puntos que permitirá el desarrollo del sector. “Hay una agenda de trabajo que incluye temas de compras públicas, acceso y elementos de protección, promoción de exportaciones, fábricas de productividad e internacionalización”, dice el alto funcionario.

El Gobierno construyó de nuevo unos aranceles y hace unos días publicó finalmente la norma. Se trata del Decreto 414, que establece un arancel del 40 % ad valorem a las importaciones de confecciones cuando el precio declarado sea inferior o igual a US$10 por kilo. Además, fija un arancel del 15 % ad valorem más US$1.5 por kilo. Restrepo explica que son el resultado de las recomendaciones del Comité de Asuntos Aduaneros, Arancelarios y de Comercio Exterior (Triple A), y están en línea con las acciones de protección nacional que se han tomado en América Latina.

“Es imposible igualar los gastos inherentes a la operación, pues los salarios con prestaciones sociales son más altos en Colombia, que en India y China”. Gustavo Lenis, presidente de Fabricato.

“En Comercio exterior éramos conscientes de modificar la estructura arancelaria. Este es un sector muy golpeado por la pandemia y genera mucho empleo: el 70 % es empleo femenino, madres cabezas de familia (…) Este Decreto retoma 40 % de arancel para controlar las importaciones que llegan con precios irrisoriamente bajos”, le dice el ministro a esta revista. “También tomamos un arancel mixto, que tiene el objetivo de frenar el contrabando técnico. Busca ser una protección, pues no afecta las importaciones, respeta los acuerdos internacionales y busca equilibrar nuestra estructura arancelaria con la de América Latina”.

A pesar de que el Gobierno alega que la decisión permitirá recuperar la senda de crecimiento del sector, hay voces a favor y en contra de la iniciativa. Rodríguez, de la Cámara de Confecciones, cree que es un Decreto que va en el sentido correcto, pero sigue siendo insuficiente. El dilema al que se enfrentan, cuenta el directivo, es que “hoy la industria necesita una serie de medidas integrales, que le permitan ser un gran motor en la recuperación de empleos”. Es el primer paso, pero no la solución.

En la otra orilla de la discusión están los comerciantes, bajo el amparo de Fenalco. Jaime Alberto Cabal, presidente del gremio, explica que de fondo lo que genera este Decreto es que se eleven excesivamente los aranceles, por lo que se podría dar en un impacto de precios en el consumidor final. De acuerdo con los cálculos de Fenalco, se afectan a los diferentes eslabones de la cadena y a los millones de consumidores colombianos, especialmente de bajos ingresos, que van a tener un incremento de aproximadamente 25 % en el costo del vestuario, el cuarto rubro con mayor peso en la canasta familiar.

“Esta afectación se suma al detrimento de los inversionistas, nacionales y extranjeros, los cuales vinieron a Colombia en busca de la necesaria estabilidad jurídica pero que ha sido permanentemente quebrantada en los últimos años”, advierte Cabal.

Restrepo cree que es una decisión apropiada que dará un respiro total a la industria y niega que se eleven los costos de las prendas en Colombia, tal y como lo denuncia Fenalco. “En el análisis técnico que se ha hecho, creemos que no hay tal. La primera razón es que modelos como este se han aplicado en Colombia y no tuvo ningún impacto en precios. ¿Por qué razón? Porque lo que esto genera es una sustitución por la producción nacional”, explica el ministro.

Y agrega: “Aquellos que quieran demandar importaciones, para eso tienen los TLC o los Planes Vallejo, para que puedan tener producción nacional, con insumos al 0 % arancel”. En América Latina varios países han implementado medidas arancelarias permitidas por la Organización Mundial del Comercio (OMC): Brasil tiene un 40 %, mientras México, por ejemplo, un 30 %. El órgano mundial argumenta que la experiencia muestra que estas acciones sí generan un impacto positivo en la industria local. No obstante, se siguen requiriendo medidas adicionales que permitan reducir la estructura de costos a la que se enfrentan los empresarios.

“Éramos conscientes de modificar la estructura arancelaria. Este es un sector muy golpeado por la pandemia y genera mucho empleo: el 70 % es empleo femenino, madres cabezas de familia (…) EL Decreto retoma 40 % de arancel para controlar las importaciones que llegan con precios irrisoriamente bajos”. José Manuel Restrepo, exministro de Industria.

Las salidas

La industria coincide que la solución no es solo un Decreto que aumenta los aranceles, sino una reforma total que brinde también incentivos para importar materia prima como hilos con 0 % de arancel. Criado, de Patprimo, sostiene que se debería promover un IVA diferencial para el sector, que permita aumentar competitividad y dinamizar el consumo.

Estos planes tienen que ir en línea con la formalización de la industria y con una agresiva estrategia de internacionalización y exportación, tal y como la está ejecutando el Ministerio de Industria y Comercio. “Tenemos que exportar mucho más. La calidad de nuestros textiles y diseñadores es reconocida y contamos con talento y competencias necesarias”, dice Rodríguez. “El objetivo es recuperar el mercado nacional y venderles a los 950 millones de habitantes del continente americano”.

El ministro agrega que ya se trabaja en las llamadas Fábricas de Internacionalización para impulsar las ventas al exterior y el posicionamiento de esta industria en el mundo. Hay retos, sí, dicen los empresarios, pero lo que se busca de fondo es cerrar el amplio déficit comercial en el que está sumido la industria. “En la medida que se va recuperando el ritmo, vemos cómo se pueden gestar nuevos negocios. No es fácil por la problemática que tuvimos en el 2020 (pandemia), pero seguro ayudará a la industria”, argumenta el presidente de Fabricato.

A estas salidas también hay otra gran batalla que se debe ganar: el comercio ilegal. Desde la Cámara de Confecciones, agregan que “generando mayores controles aduaneros y apoyando a la Polfa con mayor pie de fuerza y tecnología”, se podría frenar este flagelo, en medio del nuevo proceso de construcción que se empieza a tejer.

Al final, tal y como le explicó a Forbes el presidente de Inexmoda, Carlos Botero, es una industria resiliente, que se sigue adaptando al cambio, a las nuevas tendencias y al desarrollo de los nuevos canales digitales. “Somos capaces de competir con cualquier producto importado, siempre y cuando llegue en condiciones de legalidad”, dice el directivo, quien concluye: “Hay un terreno ganado, con unos aprendizajes importantes y con retos por sacar adelante. Somos optimistas para lo que viene, pues vemos que ya se están recuperando los consumos de diversificar el portafolio para ser más competitivos”.

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EL SECTOR AGROPECUARIO EN LA REFORMA TRIBUTARIA DE 2021

La crisis económica ha demostrado los impactos sociales profundos de la falta de seguridad alimentaria. Durante 2020, según las cifras del DANE, 1,6 millones de familias dejaron de consumir tres alimentos al día. Esto es, el 30 % de la población colombiana no puede hacerlo. A pesar de la abundante disponibilidad de área cultivable, el país no produce suficientes alimentos para garantizar su soberanía en esta materia. La política económica debe orientarse a que se garantice un incremento de la producción agrícola y agroindustrial, por medio de acceso a créditos baratos para mayores inversiones y también del presupuesto público en la promoción y subsidio de la producción agrícola, como ocurre en los países de ingresos altos.

El Gobierno Nacional debe evitar repetir errores cometidos en la reforma tributaria que se retiró hace unas semanas, que tenían un impacto directo sobre la producción agrícola nacional.

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Mi Valle del Cauca

Por Mario Alejandro Valencia (@mariovalencia01)

Actualmente no hay un lugar en Colombia que refleje de manera más nítida las consecuencias de las malas decisiones de política económica que el Valle del Cauca. De ser una región próspera, con una cultura orientada a la producción y con empleos de calidad, el departamento es hoy el epicentro del estallido social más profundo del que se tenga cuenta hace décadas en Colombia.

En 1980, el departamento aportaba más de 12 % del PIB del país y hoy solo llega al 10 %. La industria manufacturera ha perdido 15 puntos porcentuales de participación en el total de la producción del departamento. Los empleos perdidos en la industria, tras el cierre de empresas de alta capacidad de generación de valor como Quaker, Michelin, Adams, Bayer, Eveready, Quintex, Croydon, Gillete, BDF, Wyeth, Monarc, La Garantía, entre otras, fueron reemplazados por ocupaciones de rebusque comercial, que cuando no están encadenados con la producción, generan muy poco valor. Un indicador de lo anterior es que en Cali el 29,2 % de los trabajadores manufactureros son informales, mientras lo son el 60,3% de los trabajadores del comercio.

En efecto, el cambio de orientación desde la producción hacia la reventa, provocó que en los últimos veinte años las importaciones crecieran 1,4 veces más rápido que las exportaciones. De hecho, el principal producto de exportación del Valle del Cauca es su fuerza de trabajo, arrojada a otros países para ayudar a mantener a sus familias en el país. La cuarta parte de todas las remesas que recibe Colombia están en el Valle, representando el 90,3% de sus ventas externas.

Como resultado de lo anterior, desde 2014 el Valle experimentaba una desaceleración de su economía, con altos niveles de desempleo de más de 11 % en promedio anual y de 14,6 % en las mujeres. Ni los recursos de las remesas y la producción formal en sectores importantes como el farmacéutico, la proteína blanca, el azúcar, el sector de la belleza, entre otros, pudieron evitar que la pandemia haya arrojado a 518.000 personas a la pobreza y 364.000 a la pobreza extrema en el último año, con un aumentó en 4 % la desigualdad y un incrementó en 20 puntos básicos la brecha de pobreza de mujeres y hombres.

La pérdida de capacidad de crear riqueza en sectores productivos que demandan empleos estables ha arrojado a miles de personas a ocupaciones precarias, a la informalidad y a la criminalidad. Esta cultura ha ganado terreno con la connivencia de una parte de la clase política de la región y el país, incapaz de materializar las valiosas ideas de emprendimiento, formalización y productividad, encabezadas por la academia, empresas, gremios y trabajadores de la región. Ojalá la terrible situación que atraviesa el departamento en el que nací, crecí y estudié, por fin nos convenza de que el único camino para reducir la violencia, discriminación, pobreza y desigualdad, es por medio de un compromiso nacional en favor de la producción y el empleo. Las medidas para lograrlo implican la atención urgente de las necesidades sociales y las reformas importantes a las políticas comerciales como los TLC, para proteger a las empresas que sobreviven y los empleos que genera.

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(La República) “Colombia tiene unos aranceles que no significan una barrera de entrada importante”

Por Nathalia Morales Arévalo

Gustavo Lenis, presidente de Fabricato, habló sobre la importancia de que el Gobierno tome medidas de protección para el sector.

La industria textilera se ha resentido a raíz de la pandemia, una crisis que ha desnudado con fuerza problemas como malas prácticas comerciales de países extranjeros que ponen en riesgo la supervivencia de la cadena textil y de confecciones en Colombia.

En Inside LR, Gustavo Alberto Lenis, presidente de Fabricato, habló sobre la importancia de que el Gobierno Nacional tome medidas de protección para el sector, así como de las proyecciones para la compañía en este año.

¿Cuál fue el impacto que tuvo Fabricato con la llegada de la pandemia en términos de ventas y producción?

En términos de ventas hubo un decrecimiento muy importante. Fabricato vendió cerca de $70.000 millones menos y nosotros tuvimos un mejor desempeño en las ventas nacionales que internacionales, esas se cayeron. Nosotros tenemos negocios con confeccionistas que exportan, que hacen maquilas para marcas importantes en Estados Unidos y Europa, y ese negocio se fue a cero.

El primer semestre fue supremamente duro, prácticamente se paró la planta.

¿Cómo lograron que, con 22% menos de ingresos, la utilidad bruta mejorara en más de $2.000 millones?

Cuando uno empieza a pasarla mal, tiene que recurrir a todo y eso fue lo que pasó en Fabricato. Se optimizaron los gastos, fuimos un poco más eficientes y por eso pasamos de un Ebitda de $2.000 millones en 2019 a $11.000 millones en 2020, es decir, hubo una mejora de $9.000 millones de Ebitda.

La segunda parte del año hubo una reacción en el mercado colombiano, mientras que el mercado del exterior siguió igual de mal y nosotros, con lo justo, sin horas extras, con muchos menos gastos, fuimos capaces de producir lo mismo.

La rentabilidad mejoró mucho y por eso los resultados de Fabricato, aunque no son buenos, son menos malos que en 2019.

¿Qué están haciendo para reducir gastos operativos y costos para ser más eficientes?

Todos los contratos a término indefinido se dejaron vencer y no se renovaron, en los gastos administrativos hay unos ahorros importantísimos. Hubo, en algunos meses, gente que se tuvo que mandar a la casa porque no había trabajo, pero cuando se reactivó, que fue en el segundo semestre, llamamos a todos y trabajaron común y corriente.

¿Cuándo estará lista ciudad Fabricato y qué nuevos proyectos inmobiliarios vendrán?

Ciudad Fabricato tiene varias etapas, nosotros estamos en la parte de vivienda, que en total son más de 2.000 apartamentos, ya hay tres torres prácticamente acabadas y vendidas, otra que se está construyendo y las ventas van bien.

El centro comercial tiene un retraso muy corto, se iba a inaugurar en agosto, pero ahora se va a inaugurar en septiembre de este año, la primera etapa.

Tenemos un parque industrial en Rionegro, ahí también hemos mejorado la ocupación porque solamente estamos alquilando bodegas. En la pandemia tuvimos incluso que renegociar casi todos los alquileres y extender plazos porque la situación fue complicada.

¿Cuál será el foco en exportaciones, contando que muchos países están cada vez protegiendo más sus industrias?

Nosotros consideramos que la industria textil tiene que ser tratada como toda la cadena, no solamente nosotros que somos los que fabricamos las telas, sino también los que confeccionan y venden.

Opino, que hasta ahora, aquí no ha habido una protección a la industria local. Apenas el Gobierno está reaccionando con unos aranceles para las prendas, no para las telas.

En Latinoamérica los países textileros como México, Brasil, Perú y Argentina fijaron unos aranceles para proteger a la industria del oriente, hablando de la India y China; y Colombia no, Colombia tiene unos aranceles que no significan una barrera de entrada importante.

El Gobierno Nacional ya ha anunciado un arancel, ¿usted cree que se queda corto?

Yo creo que frente al arancel del cual está hablando el Gobierno, independientemente de si es corto o no, estoy de acuerdo.

Aquí hay otras cosas que hay que controlar, por ejemplo, el contrabando en textiles es gigante, hay que controlar el origen de la prenda.

Solo tomando una referencia, que es el denim, se estima que el consumo en Colombia puede ser alrededor de 90 millones de metros y el contrabando un poco más de 20 millones de metros.

Además, en Brasil, a las telas le tienen 30% de arancel, México 40% y en Colombia 15%, y debería ser más, especialmente en donde sabemos que hay dumping.

¿Ya tienen un diagnóstico sobre las partidas arancelarias con China e India que afectan al sector de cara a iniciar un proceso de defensa comercial y antidumping ante el Ministerio de Comercio?

Nosotros tenemos unas telas identificadas y si uno es capaz de sumar las materias primas y esa suma da el precio final de importación, ¿dónde está el resto? Los salarios de China e India son más bajos que los nuestros, entonces nosotros tenemos que ser eficientes con tecnología, pero el problema de nosotros son las prestaciones sociales, los salarios, la luz, el agua, que en la industria textilera es importante. Sin duda, la supervivencia de toda la cadena textil y confecciones depende que se impongan estas medidas de protección.

¿Cómo cerraron el primer trimestre y cuánto esperan crecer este año?

El primer trimestre va a ser el mejor de los últimos siete años. Sin embargo, el primer trimestre no es bueno en ventas, es todo lo contrario, relativamente flojo, pero estamos creciendo muy bien en margen bruto. El foco de nosotros no es crecer en ventas, sino en margen bruto.

Fabricato lleva muchos años perdiendo plata, pero patrimonialmente es una compañía muy fuerte y por eso se metió en la construcción, aunque mi pregunta es, ¿qué va a pasar el día que peguemos el último ladrillo y no hayamos logrado que la compañía dé utilidad? La tarea de nosotros es llevar la compañía a dar utilidad y eso es vía margen, no volumen.

¿Qué proyectos tienen para este año?

Nosotros desarrollamos la tela ignífuga contra incendios, ya pasó las primeras certificaciones, falta una sola. Tenemos también unos proyectos de mejoramiento de la planta. Somos una fábrica amigable con el medio ambiente, lo que es paradójico porque la industria textil es altamente contaminante, pero nosotros tenemos una planta de tratamiento de aguas residuales grande. Ahí tenemos un proyecto para mejorar ese porcentaje de reutilización del agua.

También tenemos proyectos muy enfocados en mejorar la eficiencia en la planta, es decir, casi que en todo el proceso industrial.

El monto de inversión está por encima de $50.000 millones. El resultado de ciudad Fabricato está destinado al mejoramiento del proceso industrial.

¿Considera que este año lograrán cifras positivas?

No está fácil llegar este año a cifras positivas, pero es nuestro objetivo. El año pasado lo cerramos con un margen de 8,4% de rentabilidad bruta, hoy vamos en 13,7%. Falta mejorar desarrollando productos especializados, pero también buscando la eficiencia y recortando gastos. Es una tarea integral que estamos desarrollando. No estoy muy seguro de si vamos a llegar a punto de equilibrio este año.

¿La pandemia cambió el negocio textil?
Sí, por ejemplo, en Estados Unidos el año pasado el tejido de punto, que es el de algodón, se le comió al tejido plano 9 puntos de mercado por la comodidad. Si uno va a estar en la casa todo el día, uno se viste con una camiseta y pantalones cómodos. También los blue jeans de ahora no son los rígidos de antes y hemos venido incursionando en ese mercado y es el que está significando las exportaciones para nosotros hoy en día.

¿Qué opina de la reforma tributaria?
Es un momento muy difícil para declararse en contra de una reforma tributaria por la situación del país. Yo sí creo que hay impuestos regresivos, pero en este momento el déficit fiscal es gigante y hay que pagar la pandemia. La evasión en Colombia es gigante y yo creo que ahí se ha hecho poco en todos los Gobiernos. Tendríamos que buscar cómo incluimos mucha más gente que pague impuestos y no que se queden en cabeza de unos pocos.

¿Qué opina de la posibilidad de que el sector privado adquiera vacunas contra el covid-19?
No lo hemos considerado, pero tenemos que buscar en Colombia cómo aceleramos la vacunación porque no podemos llegar a fin de año sin la inmunidad de rebaño.

Tomado de: La República

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(El Espectador) La producción de la industria manufacturera cayó 1,6 % en enero de 2021

La actividad que más cayó fue la fabricación de vehículos automotores, con -48,3 %, mientras que la que mayor variación positiva registró fue curtido y recurtido de cueros.

El Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) informó este lunes que la producción real de la industria manufacturera presentó una variación de -1,6 % en el primer mes de 2021 en comparación con igual periodo de 2020.

Por otro lado, las ventas reales cayeron 3 % y el personal ocupado bajó 4 %. Así lo revela la encuesta mensual manufacturera.

De las 39 actividades industriales representadas por la encuesta, 21 registraron variaciones negativas en su producción real, lo que restó 3,7 puntos porcentuales a la variación total anual. Por otro lado, 18 subsectores tuvieron variaciones positivas y sumaron en conjunto 2,1 puntos porcentuales a la variación total.

La actividad que más cayó fue la fabricación de vehículos automotores, con -48,3 %, mientras que la que mayor variación positiva registró fue curtido y recurtido de cueros; recurtido y teñido de pieles (27,5 %).

El DANE también destacó que, de los 14 dominios de departamentos representados por la encuesta, 8 registraron variaciones negativas en su producción real, lo que restó 3,1 punto porcentuales a la variación total nacional.

La mayor caída de producción se vio en Córdoba (-43 %), mientras que Caldas tuvo la mayor variación positiva (20,8 %). Bogotá, Antioquia, Valle y Atlántico registraron, respectivamente, variaciones de -9,7 %, -1,9 %, 1 % y 6,5 %.

Tomado de: El Espectador

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(El Espectador) ¿Cuál es el estado de las mipymes en medio de la pandemia?

Por: Lucety Carreño Rojas – Twitter: @LucetyC

Durante el primer año de esta emergencia, las micro, pequeñas y medianas empresas soportaron algunos de los peores golpes de la aguda crisis económica del país. Aunque el Gobierno lanzó medidas, estas no fueron suficientes. Los sectores piden más apoyo en la reactivación.

Cuando el Gobierno decretó la primera cuarentena para mitigar la propagación del COVID-19, la Asociación Colombiana de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Acopi) advirtió que estas compañías aguantarían un mes y medio las restricciones. En medio de la incertidumbre de los primeros momentos de la pandemia, esta proyección fue uno de los pronunciamientos más duros de esos días, pues las llamadas mipymes representan más del 90 % del tejido empresarial en el país y concentran el 80 % del empleo.

Tras las complicaciones que algunas mipymes ya arrastraban antes de que comenzara la emergencia, sumadas a las extensiones en los cierres y las ayudas que no llegaron a todas, los empresarios tomaron medidas para mantenerse: negociaron con proveedores, redujeron salarios, anticiparon vacaciones de sus empleados e intentaron acceder a los créditos que iba sacando el Gobierno.

De acuerdo con cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en 2020 se perdieron 2,44 millones de empleos, pues la población ocupada pasó de 22,2 millones (lo registrado en 2019) a 19,8 millones. Las cifras del año pasado representaron un retroceso de una década, según Juan Daniel Oviedo, director del DANE.

Según cifras de Confecámaras (gremio de las Cámaras de Comercio), en 2020 se cerraron 187.092 mipymes. Actualmente, de acuerdo con Acopi, hay 1,7 millones de estas empresas en el país. Por su parte, la Encuesta de Micronegocios, realizada entre enero y octubre de 2020 por el DANE, en el primer año de la pandemia se perdieron 509.370 de estas unidades productivas, que técnicamente son definidas como las que tienen máximo nueve empleados.

Además, el 57,3 % de los micronegocios del país reportó en la encuesta que entre julio y septiembre de 2020 tuvo una reducción de trabajadores u horas laboradas, el 79,3 % confirmó una disminución en la demanda de sus bienes y servicios, y el 62 % presentó una baja en el flujo de efectivo.

Por otro lado, las cifras revelan las afectaciones para la población femenina. El 64 % de los micronegocios del país son propiedad de hombres (3,4 millones), mientras que el 36 % es de mujeres (1,9 millones). Ellas fueron las que más aportaron a la pérdida de estas empresas, pues entre enero y octubre las compañías de mujeres se redujeron 12 % en comparación con las de hombres, que fue de un 6,7 % frente a 2019.

Los resultados de los micronegocios se suman a los demás datos que reveló el DANE durante el año pasado y que reflejan que son las mujeres las que más han perdido empleos (tienen el 20,4 % de la tasa de desempleo en 2020) y, además, duplicaron sus cargas laborales con el hogar y el cuidado de los hijos por la pandemia, trabajos que no siempre son remunerados.

Para ese mismo período del año, julio y septiembre, el 64,1 % de estas unidades económicas no tenían conocimiento de las políticas del Gobierno de apoyo al sector privado como respuesta a la pandemia, y el 81,8 % no habían solicitado o no se habían beneficiado de dichas políticas, según la encuesta del DANE.

En medio de la emergencia, el Gobierno dispuso de una batería de alivios y ayudas para atender a las mipymes dada su importancia estratégica.

Para empezar, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (Mincit) diseñó una serie de alivios financieros a través de la Banca de Desarrollo para las mipymes afectadas por la pandemia. “Hemos gestionado recursos por cerca de $1,57 billones en créditos de redescuento (Colombia Responde, Colombia Responde para Todos, 28 líneas Regionales Responde, Escalamiento del sector turístico, Colombia Emprende e Innova, Reactivación TIC, Reactívate y Transporte Responde) en más de 61.800 operaciones. Es importante destacar que cerca del 83 % de los desembolsos se han destinado a mipymes”, asegura Mincit.

“Con la Comisión de Alto Nivel para el Financiamiento Empresarial, se diseñaron unos productos de financiamiento derivados de la expedición del decreto 468 de 2020, que abrió la puerta para fortalecer el crédito directo a pymes, a través de Bancóldex, sustentado en recursos del Fome orientados a mejorar las condiciones de acceso; y la expedición del decreto 492 de 2020 que fortaleció patrimonialmente al FNG”, aseguró el Ministerio Mincit.

Según Javier Díaz Fajardo, presidente de Bancóldex, a través de la creación en “tiempo récord del portafolio crediticio Responde para la recuperación económica de las empresas afectadas por la emergencia sanitaria, en menos de un año, se desembolsaron $1,45 billones, 78 % lo recibieron las mipymes, a través de 36 líneas de orden nacional, regional y sectorial”.

Agrega que los empresarios en las regiones han sido los “grandes protagonistas” de los apoyos, pues les destinaron 30 de las 36 líneas. Además, 51.727 empresarios, en 869 municipios del país, 92 % microempresas, han recibido créditos de Bancóldex. En promedio, el 71 % de las operaciones crediticias del portafolio Responde las han recibido los empresarios con tasas de interés menores al 10 %. Según las cifras de Acopi, entre marzo y diciembre de 2020, Bancóldex desembolsó créditos por $2,07 billones a 8.944 pymes, ubicadas en 376 municipios.

Mincit también dijo que, a través de los créditos garantizados de Unidos por Colombia (Capital de trabajo, Gran Empresa, Nóminas, Independientes, Microfinanzas, Regionales y Sectores más afectados), han proporcionado créditos por $14,4 billones en más de 600.000 operaciones. Cerca del 82 % de los créditos se han destinado a mipymes.

Además, el Gobierno creó el Crédito Directo para Pymes, destinado a capital de trabajo, con cupo de hasta $400.000 millones que, según indicó la Comisión de Financiamiento Empresarial, será extendido hasta alcanzar los $2 billones durante 2021.

En cuanto al Fondo Nacional de Garantías (FNG), los beneficios se han destinado en un 80 % para empresas medianas y en un 90 % para pequeñas, con un subsidio del 75 % para la comisión. Cifras de Acopi señalan que, con corte del 10 de febrero de 2021, se habían entregado 527.480 garantías a las mipymes (480.153 microempresas, 32.694 pequeñas y 11.879 medianas), con créditos desembolsados por $11,18 billones.

Según Mincit, también se creó el Crédito para microempresas en el marco de Economía para la Gente, con recursos destinados a capital de trabajo y modernización, con un cupo de hasta $78.000 millones.

Entre las iniciativas de asistencia se puso en marcha el Programa de Apoyo al Pago de la Prima de Servicios (PAP). Con este se han beneficiado 85.063 empresas (58.393 son microempresas, 20.810 son pequeñas y 4.447 son medianas).

Y en el renglón de las ayudas es imposible no hablar del Programa de Apoyo al Empleo Formal (PAEF), que buscó ofrecer un apoyo a la nómina y que va hasta marzo de 2021. Hasta enero, según Acopi, se habían beneficiado 253.521 empresas (248.112 mipymes, con un énfasis en las microempresas). El programa ha desembolsado $5,8 billones para mipymes.

Sin embargo, muchos empresarios no han logrado acceder a este beneficio. De acuerdo con Acopi, las razones para la negación del beneficio son que la empresa no cumplía con los requisitos en el mes de la postulación (40,8 %), no había empleados señalados por la norma (29,9 %), no se pudo encontrar la empresa en el RUES o RUT (23,6 %) y se trataba de una persona natural con menos de tres empleados (6,7 %).

“Cuando se definió el subsidio a la nómina siempre excluyeron a las micro naturales que generan uno y dos empleos. Algo que nunca entendimos y que dijimos que no era justo, porque son personas que hacen un sacrificio y pagan el registro mercantil y el sistema de seguridad”, explica Rosmery Quintero, presidenta de Acopi.

Juan Carlos Novoa* es un empresario dueño de una microempresa de servicios de metalmecánica en Bogotá, quien critica duramente la gestión de la pandemia en relación con las mipymes: “No puede ser que lo único que exista de ayuda de verdad sea el PAEF, que es parcial igual que el de las primas de servicios. La solución del Gobierno es que nos endeudemos hasta la camisa cuando el mercado está contraído, la gente no compra. No hay que ser economista para entender que si no hay demanda, a mí de qué me sirve producir, más aún cuando tengo que producir a punta de deuda. Aquí el único que sale bien parado es quien ofrece los créditos, los demás quedamos jodidos”.

Y añade: “Venden por todo lado esa idea de crear empresa y demás. Y sí, eso impulsa y crea empleo y todo, pero para qué si al final todos terminamos trabajando para los bancos, porque ayudas de verdad, esas brillaron por su ausencia”.

La voz de Novoa es una de las muchas que durante la pandemia han pedido más ayudas para las empresas y los trabajadores, recursos para mantener a flote las empresas, pero también para apalancar el consumo, no créditos para alimentar el sector financiero.

¿Qué piden los gremios?

Rosmery Quintero insiste en que, a pesar del Conpes de reactivación, “el cual tiene una proyección de ejecución a seis años y en el que el gran porcentaje de los recursos previstos para las diferentes estrategias va a depender del sector privado y en el que hay una gran inversión en megaobras e infraestructura, nosotros ahí no vamos a tener mucha opción realmente”.

Por eso le piden al presidente Iván Duque revisar la posibilidad de decretar una nueva emergencia económica “para generar unos instrumentos o ampliar esos que ya se vencieron y son importantes. Por ejemplo, mover el calendario fiscal, el subsidio a la nómina que vence en marzo. Si dejamos las cosas al legislador es mucho más tiempo, hasta ahora van a comenzar sesiones, eso va a requerir tiempo y se van a perder más empresas”.

Quintero explica que, de acuerdo con el registro mercantil, es evidente la pérdida de empresas y “ahora que se vence la actualización del registro nos va a dar una fotografía más cercana a la realidad”. Por otro lado, las cifras del DANE de microestablecimientos es mayor, “porque nosotros tenemos un alto nivel de informalidad”.

Finalmente, Quintero asegura que el Conpes no cuenta con medidas de corto plazo. Por lo tanto, afirma que “seguiremos perdiendo empleos y empresas. Es más económico salvar que luego intentar recuperar”.

Por su parte, Fenalco indica que, debido a una encuesta realizada en marzo a 302 pequeños y medianos comerciantes del país, le pidió al Gobierno que se extienda el PAEF hasta diciembre, pues aseguraron que ese instrumento es decisivo para preservar puestos en Colombia.

De acuerdo con los resultados obtenidos en la encuesta virtual, 67,1 % de los comerciantes redujo su nómina con respecto a febrero del año pasado. Según este documento, el PAEF fue una ayuda importante para su supervivencia en 2020, y consideran que, ante la incertidumbre de lo que pueda pasar este año en materia económica, deben seguir contando con la cobertura de este programa y del PAP.

¿Qué viene para la reactivación?

De acuerdo con Mincomercio, en el marco de su “Política industrial en marcha” para apoyar a los empresarios en la pandemia y en la reactivación tienen unos ejes estratégicos. Por ejemplo, en emprendimiento y formalización esperan acompañar a 850.000 mipymes; en productividad planean llegar a 66.000 empresas con programas como “Fábricas de productividad”, “Compra lo nuestro” y “Centros de transformación digital empresarial”. En financiamiento el Mincomercio se propuso llegar a aproximadamente $79,2 billones desembolsados a través de movilización de garantías, líneas de redescuento y crédito directo; en inversión tienen la meta de llegar a US$11.500 millones de Inversión Extranjera Directa (IED); en entorno competitivo queremos llegar a 3.000 intervenciones en trámites, mejoras normativas y eliminación de barreras; y finalmente, “Nuevas fuentes de crecimiento”, mediante el cual esperamos alcanzar US$27.000 millones en exportaciones no tradicionales (no minero – energéticas).

Por otro lado, “Economía para la Gente” es una apuesta del Gobierno, coordinada por Mincit y el Departamento Administrativo para la Prosperidad Social (DPS) con programas de apoyo para beneficiar a más de 580.000 micronegocios y unidades productivas, formales e informales, pero especialmente a poblaciones vulnerables con recursos por $1,72 billones.

Vale la pena mencionar que las mipymes también cuentan con un porcentaje alto de informalidad. En esa línea el Mincit trabajará en estrategias de acompañamiento para que durante 2021 más empresas hagan la transición a la formalidad. “Se contempla la ejecución del Programa de Crecimiento Empresarial para la formalización buscando llegar a por lo menos 1.900 micro y pequeñas empresas, en alianza con diferentes Cámaras de Comercio”.

Por su parte, la Cámara de Comercio de Bogotá (CCB), que está enfocada en apoyar la reactivación de las micro, pequeñas y medianas empresas de la capital y la región, lanzó el programa Crear (Confianza, Reactivación y Acceso) que ofrece servicios de formación, asesoría, contacto financiero, acompañamiento y seguimiento. También recursos de liquidez por cerca de $136.000 millones en alianza con FNG, Bancóldex, bancos, microfinancieras y las Fintech. Así las cosas, la Cámara realizará un aporte de $10.000 millones que busca que la tasa sea una de las más bajas del mercado y lograr mayor cubrimiento de garantías.

Para la reactivación, el Gobierno, a través de Bancóldex, lanzó a finales de 2020 Adelante, una segunda fase de apoyo financiero de las líneas Responde. “Este nuevo portafolio cuenta con algunas líneas suscritas por más de $991.480, con hasta cinco años de plazo y 12 meses de períodos de gracia. Además, tendremos otros convenios para aumentar estos recursos”, explicó el banco.

* Nombre cambiado por solicitud de la fuente.

Tomado de: El Espectador

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(Blu Radio) MinComercio no apoya la industria nacional y se sienta a manteles con los importadores: textileros

“Este Gobierno nos ha maltratado, abusó de nosotros e hizo las cosas por debajo de la mesa”, dijo Jorge Duque, vocero de la Cámara Colombiana de la Confección y Afines.

Jorge Duque, vocero de la Cámara Colombiana de la Confección y Afines (CCCA), en entrevista con Mañanas BLU, formuló durísimas críticas en contra del Gobierno nacional por el incumplimiento de promesas para imponer aranceles a la importación de textiles con el fin de proteger a la industria nacional.

“Duque se comprometió en campaña, recorrió el país con nosotros. Les dijo a todos los confeccionistas y textileros que se iba a utilizar estos mecanismos, pero llegó a la Presidencia y se le olvidó“, indicó.

Tomado de: Blu Radio