La falta de revisión efectiva de los acuerdos comerciales, la ausencia de una agenda productiva articulada y las señales contradictorias hacia los sectores industriales han impedido que el comercio exterior se convierta en un verdadero motor de desarrollo. Sin una política comercial coherente, integrada y orientada a fortalecer la producción nacional, Colombia continuará profundizando su dependencia importadora y su déficit estructural, en detrimento de la industria y el empleo formal.
Tras casi cuatro años de gobierno, la política comercial no ha logrado traducirse en avances sustantivos para el desarrollo productivo ni para el fortalecimiento de la industria nacional. A pesar de los anuncios reiterados sobre la revisión de los acuerdos comerciales y su alineación con una estrategia de reindustrialización, los resultados concretos son limitados y fragmentados, mientras persisten desequilibrios estructurales profundos en la balanza comercial y en la estructura exportadora del país.
Uno de los factores que explica esta situación ha sido la alta rotación de ministros y equipos técnicos en el sector comercio, lo que ha dificultado la construcción de una agenda consistente y de largo plazo. Los cambios frecuentes de enfoque (entre renegociación, revisión, reinterpretación o simple administración de los tratados) han terminado por diluir los objetivos iniciales y generar incertidumbre en el sector productivo.
TLC con Estados Unidos: promesas sin resultados estructurales
Desde la campaña presidencial, el Gobierno anunció la renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos con el objetivo de corregir asimetrías y proteger el desarrollo productivo nacional. Sin embargo, tras múltiples rondas de diálogo, comités técnicos y encuentros diplomáticos, el proceso no produjo modificaciones sustantivas al acuerdo. El balance final se limitó a la firma de una declaración interpretativa sobre el capítulo de inversión, sin cambios reales en acceso a mercados, compras públicas, reglas de origen o mecanismos de defensa para sectores industriales sensibles.
En la práctica, el TLC con Estados Unidos permanece plenamente vigente, sin que se hayan corregido los desequilibrios que históricamente han afectado a la industria manufacturera y a sectores agroindustriales. Las recientes tensiones diplomáticas y los nuevos aranceles anunciados por la administración Trump no alteran el marco jurídico del acuerdo, pero sí evidencian la debilidad de la estrategia comercial colombiana, que ha quedado reducida a reaccionar ante decisiones externas sin capacidad real de negociación ni defensa estructural de su aparato productivo.
Unión Europea: nuevas barreras, viejas asimetrías
Una situación similar se observa en la relación comercial con la Unión Europea. Aunque el TLC sigue vigente, el bloque europeo ha avanzado de manera unilateral en la imposición de nuevas barreras no arancelarias, especialmente en materia ambiental y de sostenibilidad, como el Reglamento de Productos Libres de Deforestación, el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM) y la Directiva de Debida Diligencia Empresarial.
Estas medidas, que no fueron contempladas en la negociación original del acuerdo, afectan de manera desproporcionada a las mipymes industriales colombianas, que carecen de la capacidad técnica y financiera para cumplir con estándares equivalentes a los de las grandes empresas europeas. Pese a este escenario, Colombia no ha logrado impulsar una revisión realista del tratado ni una agenda productiva que acompañe a los sectores afectados y corrija las asimetrías existentes.
Medidas aisladas y desprotección sectorial
En lugar de una política comercial integral, el Gobierno ha recurrido a medidas puntuales y defensas sectoriales aisladas, desconectadas de una estrategia de desarrollo productivo. Algunas acciones de defensa comercial han sido tardías o insuficientes, mientras que en otros casos se han adoptado decisiones de desprotección arancelaria que han afectado a sectores industriales sensibles, sin mecanismos claros de compensación, reconversión productiva o fortalecimiento de capacidades.
El resultado es una política comercial que no corrige el déficit estructural del país, no promueve la diversificación exportadora ni fortalece el valor agregado nacional. La industria manufacturera sigue enfrentando una competencia externa creciente, con altos costos internos y sin una estrategia clara de inserción internacional.








