Reindustrialización: ambición declarada, resultados insuficientes

Feb 12, 2026

A pesar del énfasis discursivo y de algunos avances institucionales, la reindustrialización en Colombia no ha producido los resultados estructurales que el país requiere.
Gustavo Petro muestra el documento CONPES 4129 de reindustrialización

La manufactura continúa creciendo por debajo de su potencial, pierde participación en el PIB y no logra transformar la canasta exportadora. Sin una política industrial integral, articulada con la política fiscal, energética, comercial y laboral, la reindustrialización corre el riesgo de permanecer como una ambición declarativa, sin capacidad real de transformar el aparato productivo colombiano.

La política de reindustrialización ha sido presentada por el Gobierno como uno de los pilares del Plan Nacional de Desarrollo. Desde el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo se destacan avances en términos de cobertura institucional y acompañamiento productivo. De acuerdo con cifras oficiales, 870.896 unidades productivas habrían sido beneficiadas mediante el trabajo conjunto de Bancóldex, el Fondo Nacional de Garantías, Finagro e Impulsa Colombia, y se afirma que más del 50 % de las unidades acompañadas se han formalizado o integrado como proveedores industriales.

Asimismo, el Gobierno resalta la creación de una red de 77 centros ZASCA de reindustrialización, ubicados en 26 departamentos, que habrían beneficiado a más de 11.500 personas y 922 unidades productivas, facilitando el acceso a maquinaria, laboratorios, formación especializada y herramientas de innovación, en particular para unidades de la economía popular y mipymes.

Sin embargo, una evaluación más amplia de los resultados revela una brecha significativa entre la ambición de la política y su impacto real sobre la estructura productiva del país.

Taller mecánico de economía popular con reparación de automóvil

Impacto limitado frente a la magnitud del desafío industrial

En el mejor de los escenarios la política de reindustrialización habría impactado de forma directa a menos del 2% del total de unidades productivas del país, o cerca del 11% de las empresas formales, una cobertura claramente insuficiente para revertir el proceso de desindustrialización acumulado en las últimas décadas.

Los datos del DANE confirman esta limitada efectividad. Pese a algunos repuntes coyunturales, la industria manufacturera sigue perdiendo peso en el PIB, el empleo industrial permanece estancado y la recuperación observada en 2025 no logra consolidarse como una tendencia estructural. La Encuesta Mensual Manufacturera muestra que, entre enero y noviembre de 2025, aunque la producción y las ventas crecieron en torno al 2,1%, el personal ocupado apenas aumentó 0,5%, reflejando una recuperación débil y concentrada en pocos sectores.

Escena de un taller mecánico informal con trabajadores y un carro en reparación. Ilustra las unidades de economía popular y mipymes que la política de reindustrialización busca incorporar.

Exportaciones: más volumen, poco valor agregado

Uno de los objetivos centrales de la reindustrialización era diversificar y sofisticar la canasta exportadora. No obstante, los resultados son modestos. Aunque las exportaciones asociadas a las apuestas de reindustrialización alcanzaron USD 7,8 mil millones en el tercer trimestre de 2025, la balanza comercial de estos bienes sigue siendo deficitaria, con importaciones por USD 14,4 mil millones en el mismo periodo.

Además, el crecimiento exportador se concentra en sectores tradicionales y de bajo valor agregado, mientras que actividades estratégicas como metalmecánica, vehículos, autopartes, hierro y acero, productos farmacéuticos y maquinaria continúan en retroceso, tanto en producción como en empleo, de acuerdo con la EMMET y la Encuesta Anual Manufacturera del DANE.

Programas dispersos y falta de articulación macroeconómica

El balance general muestra que la reindustrialización ha quedado reducida a programas puntuales, desarticulados de la política macroeconómica, sin una estrategia clara de encadenamientos productivos, sustitución de importaciones o fortalecimiento de sectores estratégicos. A ello se suman señales contradictorias desde otras áreas del Gobierno, particularmente en política energética, comercial y tributaria, que han elevado los costos de producción y debilitado los incentivos a la inversión industrial.

Como lo ha señalado el Grupo Proindustria, la política de reindustrialización no ha logrado compensar la caída del sector minero-energético, ni generar una base productiva alternativa capaz de sostener el crecimiento, el empleo formal y las exportaciones en el mediano plazo.

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