Primer trimestre de 2026
El mercado laboral colombiano continuó mostrando señales de recuperación durante el primer trimestre de 2026, aunque a un ritmo cada vez más lento y sin resolver los problemas estructurales que históricamente han caracterizado al empleo en el país. Después del fuerte deterioro provocado por la pandemia de 2020 y 2021, los indicadores laborales muestran una estabilización gradual; sin embargo, esta recuperación permanece incompleta y sustentada en bases frágiles: elevada informalidad, debilitamiento industrial, dependencia del sector servicios y creciente peso del empleo asociado al gasto público y actividades de bajo valor agregado.
Aunque el desempleo volvió a ubicarse en niveles de un solo dígito, el panorama laboral colombiano continúa lejos de los estándares internacionales. Frente a un promedio de desempleo cercano al 5% en los países de la OCDE, la tasa colombiana sigue reflejando profundas barreras estructurales que el débil crecimiento económico reciente no ha logrado superar.
Participación laboral: recuperación estancada y persistencia del desaliento
La Tasa Global de Participación (TGP) se ubicó en 64,45% durante el primer trimestre de 2026, prácticamente estable frente al 64,51% observado en 2025. Esto evidencia que la capacidad del mercado laboral para reincorporar población económicamente activa permanece limitada y que la recuperación posterior a la pandemia comienza a perder dinamismo.
El comportamiento de la participación laboral muestra una tendencia preocupante. Luego del desplome ocasionado por la pandemia —cuando la TGP cayó a 61,62% en 2021— el indicador ha mostrado una recuperación parcial, pero desde 2022 su evolución ha sido lenta y con escasa capacidad de converger hacia los niveles observados durante el auge económico de comienzos de la década de 2010, cuando superaba el 68%.
Este comportamiento sugiere que el mercado laboral colombiano no ha logrado ampliar significativamente su capacidad de absorción de trabajadores y que persisten fenómenos de desánimo laboral y exclusión parcial de la fuerza de trabajo. La población fuera de la fuerza laboral alcanzó 14,36 millones de personas en marzo de 2026, aproximadamente 73 mil más que un año atrás. Mientras cerca de 88 mil hombres salieron de la inactividad, alrededor de 161 mil mujeres ingresaron a ella, principalmente por el aumento de mujeres dedicadas a oficios del hogar.
Ocupación: crecimiento moderado tras el rebote pospandemia
La Tasa de Ocupación (TO) alcanzó 58,25% durante el primer trimestre de 2026, superior al 57,72% registrado en igual periodo de 2025. Esto confirma que el empleo continuó creciendo durante el último año; sin embargo, el ritmo de recuperación se ha desacelerado frente al fuerte rebote observado inmediatamente después de la pandemia.
En términos históricos, el mercado laboral colombiano aún no logra recuperar plenamente el dinamismo observado antes del deterioro estructural iniciado a mediados de la década pasada. La TO alcanzó su máximo histórico en 2012 (60,58%), impulsada por un contexto de expansión económica, auge de sectores extractivos y crecimiento del consumo. Desde entonces se observa una tendencia descendente que refleja las limitaciones estructurales de la economía para sostener elevados niveles de generación de empleo.
Aunque la población ocupada aumentó en aproximadamente 650 mil personas durante el último año, el análisis sectorial muestra que el crecimiento actual del empleo no proviene principalmente de actividades productivas intensivas en valor agregado, sino de sectores terciarios y del fortalecimiento del empleo asociado al gasto público y servicios.
Desempleo: reducción gradual, pero persistencia de problemas estructurales
La Tasa de Desocupación (TD) se ubicó en 9,62% durante el primer trimestre de 2026, registrando una reducción frente al 10,52% observado un año atrás. Si bien este resultado confirma una continuidad en la reducción del desempleo posterior a la pandemia, el indicador sigue siendo elevado en comparación internacional y continúa reflejando fragilidades estructurales del mercado laboral colombiano.
La tasa de desempleo colombiana es aproximadamente el doble de la tasa de desempleo global. Es tres veces más alta que la de países como México (2,4%) o Ecuador (2,4%). Está por enciam de la de Perú (6,8%), Brasil (6,1%) y Chile (8,9%)
Además, la caída reciente del desempleo debe interpretarse con cautela. Parte de esta reducción no obedece necesariamente a una expansión sólida y sostenida del empleo productivo, sino también a fenómenos como el desánimo laboral y la reducción relativa de la participación en el mercado de trabajo. Como se señaló anteriormente, la Tasa Global de Participación (TGP) ha mostrado un comportamiento prácticamente estancado desde 2022, evidenciando que el mercado laboral colombiano no ha logrado reincorporar plenamente a la población en edad de trabajar. A esto se suman dinámicas migratorias recientes que también pueden estar reduciendo parcialmente la presión sobre el mercado laboral interno.
Entre 2022 y 2024, Colombia registró el mayor éxodo migratorio de su historia reciente, con alrededor de 1,33 millones de personas que abandonaron el país de forma definitiva. El pico se alcanzó en 2022, cuando se reportaron más de 547.000 salidas netas, un aumento de 70% frente al promedio previo a la pandemia.
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Aunque las cifras disminuyeron posteriormente, continuaron en niveles históricamente altos, con cerca de 446.000 salidas en 2023 y unas 347.000 en 2024. Este fenómeno se suma a una tendencia sostenida de emigración: entre 2012 y 2021 cerca de 1,98 millones de colombianos dejaron el país. Las principales motivaciones detrás de esta migración son la falta de oportunidades laborales, la inseguridad, la informalidad, la búsqueda de mejores ingresos, estabilidad y calidad de vida.
El desempleo colombiano mantiene niveles persistentemente altos incluso en periodos de crecimiento económico. Antes de la pandemia, las tasas de desocupación ya se mantenían alrededor o por encima del 10%, evidenciando limitaciones históricas del aparato productivo para generar empleo suficiente y de calidad.
Adicionalmente, la metodología de medición del DANE tiende a subestimar parcialmente la precariedad laboral existente en el país. Bajo los estándares internacionales utilizados por la entidad, una persona es considerada ocupada si trabajó de manera remunerada al menos una hora durante la semana de referencia. Aunque esta metodología es comparable internacionalmente, en el contexto colombiano puede ocultar una parte importante de la fragilidad ocupacional, particularmente en actividades informales, trabajos ocasionales o formas de subsistencia de muy baja intensidad laboral e ingresos insuficientes.
Por esta razón, la reducción del desempleo abierto no necesariamente implica una mejora proporcional en las condiciones reales de empleo. De hecho, las tasas ampliadas de desempleo y subocupación continúan mostrando niveles elevados de subutilización laboral, reflejando que una parte significativa de la población enfrenta empleos insuficientes, inestables o de baja calidad.
Además, persisten importantes brechas de género. En marzo de 2026 la tasa de desempleo femenina se ubicó en 11,0%, mientras la masculina fue de 7,1%, lo que representa una diferencia de 3,9 puntos porcentuales. Esta brecha confirma que las mujeres continúan enfrentando mayores dificultades de inserción laboral y una mayor exposición a condiciones de precariedad y exclusión económica.
Tasas ampliadas: la precariedad laboral sigue siendo elevada
Aunque las estadísticas de tasas ampliadas de desempleo y subutilización laboral solo se encuentran disponibles desde 2021, los resultados muestran una realidad preocupante que continúa lejos de resolverse estructuralmente. Estos indicadores evidencian que las dificultades del mercado laboral colombiano son mucho más profundas de lo que refleja la tasa de desempleo tradicional.
La Tasa Combinada de Desocupación y Fuerza de Trabajo Potencial (TCDFTP) se ubicó en 14,43% durante 2026, mientras la Tasa Combinada de Subocupación y Desocupación (TCSD) alcanzó 16,40%. Aunque ambos indicadores muestran una reducción frente a los niveles críticos observados inmediatamente después de la pandemia, continúan reflejando una elevada subutilización laboral y un deterioro persistente de las condiciones de inserción ocupacional.
Esto significa que una parte importante de la población enfrenta problemas de acceso al empleo, insuficiencia de ingresos, inestabilidad laboral, subocupación o desánimo para participar activamente en el mercado de trabajo. En otras palabras, el problema laboral en Colombia no se limita a quienes aparecen oficialmente como desempleados, sino que incluye amplios sectores de trabajadores vinculados a ocupaciones precarias, insuficientes o de baja intensidad laboral.
La diferencia entre la tasa de desempleo abierta y estos indicadores ampliados evidencia precisamente que el deterioro laboral en Colombia no se expresa únicamente en la desocupación, sino también en formas de empleo precario e insuficiente que permanecen ocultas dentro de las estadísticas tradicionales del mercado laboral.
Informalidad: mejora parcial sobre una estructura todavía precaria
Colombia continúa ubicándose entre los países con mayores niveles de informalidad laboral en América Latina. Mientras la región registra un promedio cercano al 47% de empleo informal, en Colombia más del 55% de los trabajadores permanecen en condiciones de informalidad, superando ampliamente el promedio regional y ubicándose por encima de economías como Chile y Uruguay, donde la informalidad ronda el 25%. Aunque el país presenta niveles inferiores a casos críticos como Perú o Ecuador —donde la informalidad puede acercarse al 70%—, la situación colombiana sigue reflejando profundas debilidades estructurales del mercado laboral, especialmente en zonas rurales, donde la informalidad supera el 80%.
Más de la mitad de los trabajadores colombianos continúan desempeñándose en condiciones de informalidad. Durante el primer trimestre de 2026 se redujo de 57,17% a 55,01%, mostrando una mejora de apenas 2,16 puntos frente al año anterior.
En términos absolutos, cerca de 12,77 millones de personas permanecen ocupadas en actividades caracterizadas por baja productividad, escasa estabilidad laboral y limitada protección social. Aunque el empleo formal mostró crecimiento reciente, la estructura laboral colombiana continúa sustentándose en ocupaciones precarias y altamente fragmentadas.
Además, parte de la aparente mejora en los indicadores de formalización debe analizarse con cautela. Una proporción importante del crecimiento reciente del empleo formal puede estar asociada a la expansión de trabajadores vinculados mediante contratos por prestación de servicios, particularmente en ramas relacionadas con actividades profesionales, científicas, técnicas y administrativas, así como en actividades asociadas a la administración pública.
Estas modalidades de contratación, aunque estadísticamente aparecen como empleo formal, corresponden en muchos casos a trabajadores sin estabilidad laboral, sin garantías plenas de derechos laborales y cuya relación contractual se encuentra regida principalmente por el derecho comercial y no por relaciones laborales típicas de subordinación y protección social integral.
Los datos sectoriales muestran un crecimiento significativo precisamente en estas ramas. Las actividades profesionales, científicas, técnicas y servicios administrativos pasaron de 1,58 millones de ocupados en 2021 a 1,91 millones en 2026, un aumento cercano a 330 mil ocupados. Por su parte, la rama de administración pública y defensa, educación y salud defensa pasó de 2,47 millones a 2,95 millones de ocupados en el mismo periodo, creciendo en cerca de 475 mil trabajadores.
Este comportamiento resulta particularmente relevante porque la rama de administración pública y defensa, educación y salud ya supera ampliamente a la industria manufacturera en número de ocupados. Mientras la primera concentró 2,95 millones de trabajadores en 2026, la industria manufacturera registró 2,57 millones. Esto refleja un proceso creciente de terciarización del empleo y una pérdida relativa de capacidad de la industria para consolidarse como motor estructural de generación de trabajo.
La preocupación central es que buena parte de la recuperación laboral reciente parece estar apoyándose más en la expansión de servicios, contratación flexible y ocupaciones terciarias que en un fortalecimiento de sectores productivos intensivos en valor agregado y empleo estable. En consecuencia, la reducción parcial de la informalidad refleja una recuperación gradual tras la pandemia, pero no constituye todavía una transformación estructural del mercado laboral colombiano ni una mejora sustancial en la calidad del empleo.
Posición ocupacional: persistencia del trabajo por cuenta propia
El análisis de la posición ocupacional muestra que el empleo asalariado privado recuperó terreno durante 2026, representando el 43,71% del total de ocupados. Sin embargo, el trabajo por cuenta propia continúa concentrando el 41,65% del empleo total, equivalente a cerca de 10 millones de trabajadores.
Buena parte de la recuperación laboral sigue dependiendo de formas de inserción ocupacional asociadas al autoempleo, la informalidad y estrategias de subsistencia. Aunque el empleo particular logró superar nuevamente al trabajo por cuenta propia, la diferencia entre ambos continúa siendo reducida, reflejando la persistencia de una estructura laboral altamente fragmentada y de baja productividad.
Además, el comportamiento de la ocupación pública refuerza la idea de que una parte importante del crecimiento reciente del empleo asociado al Estado no se ha realizado mediante expansión de plantas formales de personal. Mientras la rama de administración pública y defensa, educación y salud pasó de 2,47 millones de ocupados en 2021 a 2,95 millones en 2026 —un aumento cercano a 475 mil trabajadores—, la categoría ocupacional de “obrero o empleado del gobierno” se redujo, pasando de aproximadamente 906 mil ocupados en 2021 a cerca de 878 mil en 2026, incluso mostrando estancamiento y fluctuaciones durante el periodo.
La divergencia entre ambos indicadores resulta significativa. Mientras las actividades vinculadas al Estado ampliaron fuertemente su volumen total de ocupados, esto no se tradujo proporcionalmente en un aumento de trabajadores formalmente vinculados como empleados públicos. Por el contrario, el grueso del crecimiento parece haberse concentrado en categorías asociadas a servicios profesionales, administrativos y contratación flexible.
Esto confirma que buena parte de la expansión reciente del empleo vinculado al sector público ha ocurrido mediante contratos por prestación de servicios (OPS), los cuales aparecen estadísticamente como ocupación formal dentro de actividades profesionales, científicas, técnicas y servicios administrativos, pero corresponden en la práctica a formas de contratación altamente flexibilizadas y precarias.
De acuerdo con David Mora, el gobierno Petro ha alcanzado niveles récord de contratación por prestación de servicios (OPS). Mientras el gobierno Duque llegó a cerca de 48.000 contratos OPS y había impuesto un récord de 50.000 en 2019, el gobierno Petro elevó la cifra a 56.600 en 2023 y a cerca de 64.000 en 2024, el nivel más alto registrado. Si se incluyen las 10 entidades descentralizadas con más contratación OPS, la cifra supera los 118.000 contratos, encabezados por la Agencia Nacional de Tierras (ANT) con más de 10.000.
Estas modalidades no generan estabilidad laboral ni garantizan plenamente derechos laborales típicos de relaciones salariales formales, dado que se encuentran reguladas principalmente por relaciones contractuales de carácter comercial.
Particularmente preocupante resulta el comportamiento de los patronos o empleadores, que apenas representan el 2,82% del total de ocupados en 2026. En términos absolutos, esta categoría pasó de cerca de 850 mil ocupados a mediados de la década pasada a niveles cercanos a 650 mil en los últimos años, reflejando una pérdida estructural de capacidad empresarial y una reducción del peso relativo de quienes generan empleo directo.
Este deterioro resulta especialmente grave porque los empleadores constituyen el núcleo de expansión del tejido productivo y de la generación de empleo asalariado estable. La reducción de esta categoría evidencia las dificultades persistentes de la economía colombiana para consolidar nuevas empresas, expandir capacidades productivas y sostener procesos de industrialización y crecimiento empresarial de largo plazo.
En consecuencia, la estructura ocupacional colombiana continúa mostrando señales de fragilidad estructural: elevado peso del trabajo por cuenta propia, expansión de modalidades flexibles de contratación y debilitamiento relativo de la capacidad empresarial para generar empleo formal y productivo.
Estructura sectorial: desindustrialización y terciarización del empleo
El análisis por ramas de actividad económica confirma que la recuperación reciente del empleo colombiano se encuentra fuertemente concentrada en actividades terciarias y de servicios. Durante el primer trimestre de 2026, el comercio y reparación de vehículos continuó siendo la principal rama empleadora del país, concentrando el 17,27% del total de ocupados.
Le siguen las actividades agropecuarias (13,48%), la administración pública y defensa, educación y salud (12,35%) y la industria manufacturera (10,78%). Sin embargo, el análisis de variaciones anuales muestra señales preocupantes sobre la estructura productiva del empleo.
La industria manufacturera perdió aproximadamente 166 mil ocupados frente a 2025, mientras el sector agropecuario redujo cerca de 242 mil puestos de trabajo. Estas fueron algunas de las mayores caídas sectoriales del último año y evidencian la persistente pérdida de capacidad de generación de empleo en sectores productivos estratégicos.
En contraste, el crecimiento reciente del empleo estuvo impulsado principalmente por la administración pública y defensa, educación y salud, que aumentó cerca de 262 mil ocupados, y por las actividades profesionales, científicas, técnicas y servicios administrativos, que crecieron en aproximadamente 157 mil trabajadores.
Esto sugiere que la recuperación laboral actual no está siendo liderada por sectores productivos intensivos en transformación industrial o generación de valor agregado, sino por actividades asociadas a servicios, terciarización y expansión del empleo vinculado al gasto público.
En conjunto, la estructura ocupacional colombiana continúa mostrando una elevada dependencia de actividades de baja productividad relativa, alta informalidad y limitada sofisticación productiva.
Conclusiones
El mercado laboral colombiano continuó avanzando lentamente hacia la recuperación después del choque provocado por la pandemia, pero los resultados del primer trimestre de 2026 muestran que este proceso comienza a estabilizarse sin resolver los problemas estructurales históricos del empleo en el país.
Aunque el desempleo volvió a ubicarse en niveles de un solo dígito y la ocupación continuó creciendo, la recuperación sigue siendo frágil y desigual. La participación laboral permanece relativamente estancada, más de la mitad de los trabajadores continúan en la informalidad y persisten importantes brechas de género y problemas de subutilización laboral.
Adicionalmente, el análisis sectorial evidencia una preocupante pérdida de capacidad de generación de empleo en sectores estratégicos como la industria manufacturera y la agricultura, mientras el crecimiento ocupacional se concentra crecientemente en actividades terciarias y en sectores asociados al gasto público y los servicios.
En este contexto, el balance laboral reciente muestra que Colombia logró recuperarse parcialmente del deterioro ocasionado por la pandemia, pero no ha conseguido superar las restricciones estructurales del mercado laboral: informalidad persistente, baja productividad, débil capacidad empresarial, precarización ocupacional y creciente terciarización de la economía.











