Empleo e industria: una señal que Colombia no puede ignorar

Oct 22, 2026

Los resultados del mercado laboral colombiano correspondientes a agosto de 2026, según el DANE, muestran señales que merecen especial atención.
Vendedor informal ofrece accesorios para celulares en una calle de Bogotá

Por: Enrique Pinzón – Grupo Proindustria

Los resultados del mercado laboral colombiano correspondientes a agosto de 2026, según el DANE, muestran señales que merecen especial atención. La tasa de desempleo aumentó de 8,6 % en agosto de 2025 a 9,4 % en agosto de 2026; la población ocupada disminuyó en 126.000 personas y la tasa de ocupación cayó de 58,4 % a 57,4 %.

El dato más preocupante se encuentra en la industria manufacturera, sector que registró la mayor pérdida de empleo. El número de personas ocupadas pasó de 2,60 millones a 2,36 millones, lo que representa cerca de 240.000 empleos menos y una reducción aproximada del 9,2 %.

Este resultado merece una reflexión que vaya más allá de las cifras generales de desempleo, porque la industria manufacturera desempeña un papel fundamental en cualquier estrategia de desarrollo económico. No solamente genera empleos directos, sino que crea demanda para proveedores nacionales y dinamiza actividades como el transporte, la logística, los servicios empresariales, la ingeniería, el mantenimiento, el diseño, la investigación y el desarrollo, entre muchas otras que conforman las cadenas productivas.

Por esta razón, la pérdida de empleo industrial representa también un debilitamiento de las capacidades productivas y de los encadenamientos que permiten generar empleos de mayor productividad y, potencialmente, mejores ingresos laborales.

Resulta especialmente preocupante que la industria manufacturera haya perdido cerca de 240.000 ocupados, mientras que el conjunto de la economía registró una disminución neta de 126.000. Esto significa que el crecimiento del empleo en otros sectores —entre ellos comercio (+150.000), administración pública, educación y salud (+96.000) y construcción (+80.000)— compensó parcialmente la caída industrial. Por ello, el resultado agregado puede ocultar un deterioro importante en la composición del empleo.

Este dato debe leerse con rigor. Agosto estuvo marcado por el terremoto del 10 de agosto, que afectó regiones con presencia industrial y llevó al DANE a ajustar los factores de expansión de la encuesta. Parte de la caída podría ser transitoria. Por eso, los próximos meses serán decisivos: si el empleo manufacturero no se recupera cuando se disipe el efecto del sismo, estaremos frente a un problema estructural y no ante un choque coyuntural.

También es necesario considerar su calidad. La informalidad laboral bajó de 55,7 % a 54,9 %, una mejora que se debe reconocer; sin embargo, más de la mitad de los ocupados sigue en la informalidad, por lo que la discusión sobre generación de empleo no puede limitarse únicamente al aumento del número de personas ocupadas. El verdadero desafío consiste en crear más empleo productivo, estable y formal.

Para el Grupo Proindustria, estas cifras refuerzan la necesidad de mantener en el centro del debate económico nacional una política de reindustrialización entendida como una estrategia integral de fortalecimiento de la capacidad productiva del país.

Colombia necesita ampliar y diversificar su producción manufacturera, desarrollar proveedores nacionales, incorporar tecnología, elevar la productividad, atraer inversión acompañada de transferencia tecnológica y generar una oferta competitiva capaz de atender tanto el mercado interno como los mercados internacionales.

Esta política debe tener entre sus objetivos fundamentales la generación de empleo formal y productivo. Su éxito debe medirse no solamente por el aumento de la producción, sino también por su capacidad para crear puestos de trabajo sostenibles y fortalecer las cadenas productivas nacionales.

Los datos de agosto constituyen una señal de alerta que deberá confirmarse en las próximas mediciones. Una reducción significativa del empleo manufacturero plantea interrogantes sobre la capacidad futura del país para generar empleo de calidad, aumentar la productividad y consolidar una estructura productiva más diversificada. Si no se fortalecen nuevas fuentes de empleo productivo y formal, las consecuencias pueden trascender el ámbito estrictamente económico y convertirse en un desafío social de gran magnitud.

Una sociedad con altos niveles de desempleo e informalidad enfrenta mayores riesgos de exclusión, frustración social y pérdida de confianza en las instituciones. Por ello, generar oportunidades laborales estables y productivas no es solamente un objetivo económico: constituye también una condición fundamental para la cohesión social y el fortalecimiento democrático.

Por ello, resulta indispensable avanzar en la discusión de una agenda nacional de reindustrialización que establezca objetivos cuantificables, entre ellos elevar la participación de la industria manufacturera en el PIB del nivel actual cercano al 10 % hasta, por lo menos, el 12 % en 2030, e incrementar en un 15 % el empleo formal manufacturero en cinco años. Esta última meta implicaría un crecimiento anual promedio del 2,8 % y la generación de aproximadamente 183.000 empleos adicionales. Para alcanzar estos propósitos se requieren instrumentos eficaces de política productiva: reducción de los costos que afectan la competitividad empresarial, acceso adecuado a financiación, incorporación tecnológica, formación de talento humano, desarrollo de proveedores nacionales y estímulos a la inversión productiva y a las exportaciones con valor agregado nacional.

Esto implica construir las condiciones necesarias para que Colombia pueda competir en los mercados nacionales e internacionales, enfrentando los factores asociados al denominado “costo país”: energía; transporte y logística; acceso al crédito; cargas que afectan la generación de empleo; inseguridad; incertidumbre jurídica; infraestructura y, en general, aquellos factores que hacen más costoso producir en Colombia frente a otros países.

También supone utilizar de manera coherente los instrumentos de política comercial, tributaria, financiera, tecnológica y de desarrollo empresarial para estimular la inversión productiva y aprovechar el mercado colombiano como plataforma para desarrollar una oferta exportable con un contenido creciente de valor agregado nacional.

No se trata de escoger entre industria, agro o servicios. Una economía moderna necesita el desarrollo articulado de todos sus sectores. El propósito debe ser construir una estructura productiva en la que la industria manufacturera y la agroindustria desempeñen un papel fundamental en la generación de valor agregado, productividad, innovación, exportaciones y, especialmente, empleo formal y sostenible.

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