La fuerte caída del dólar en Colombia es la expresión local de una transformación mucho más profunda del orden económico internacional: la disputa entre un mundo unipolar, dirigido por Estados Unidos, y uno multipolar, liderado por China en campos como la industria, el comercio, la tecnología, los recursos estratégicos y las cadenas mundiales de suministro.
Y para Colombia el problema no es menor. Mientras las grandes potencias utilizan de manera activa sus políticas comerciales, fiscales, monetarias y cambiarias para defender su producción, el país enfrenta una apreciación extraordinaria del peso que amenaza con deteriorar todavía más la competitividad de su ya debilitado aparato industrial.
La moneda también entró en la competencia industrial
La confrontación entre Estados Unidos y China ya no se limita a los aranceles. Estados Unidos busca recuperar parte de la capacidad manufacturera que perdió durante varias décadas de deslocalización productiva. China, por su parte, continúa expandiendo sus cadenas comerciales, financieras y de infraestructura mediante la Franja y la Ruta y otras iniciativas internacionales.
Son dos estrategias diferentes dentro de una confrontación por la reorganización del poder económico mundial. Washington combina aranceles, sanciones, restricciones tecnológicas, acuerdos bilaterales, subsidios industriales y presiones sobre terceros países. Beijing amplía infraestructura, comercio, financiamiento y cadenas de suministro.
En esa competencia también interviene el precio de las monedas. Un dólar excesivamente fuerte puede perjudicar la industria estadounidense: abarata las importaciones que llegan a Estados Unidos, encarece sus exportaciones y contribuye a sostener déficits comerciales persistentes. De allí surge la defensa de una moneda más débil como mecanismo para recuperar competitividad manufacturera.
Existe además una dimensión financiera. La deuda estadounidense ha alcanzado niveles históricos y sus costos de intereses son cada vez mayores. Por eso la depreciación de la moneda también puede contribuir a reducir el peso real de las obligaciones denominadas en dólares, aunque no reduzca nominalmente el volumen de deuda.
La política cambiaria funciona entonces simultáneamente como instrumento monetario, industrial, comercial y fiscal.
La hegemonía financiera estadounidense también está bajo presión
Otro elemento de la coyuntura internacional es la creciente pérdida de confianza del sistema financiero dominado por Estados Unidos.
Washington utilizó sanciones, congelamientos de reservas y restricciones financieras contra países como Rusia, China, Venezuela, Cuba, Irán, entre otros. El resultado ha sido que economías emergentes busquen disminuir su exposición al dólar mediante comercio en monedas nacionales, nuevas estructuras de pagos y mayores compras de oro.
El bloque BRICS Plus busca reducir su dependencia financiera del dólar y desarrollar mecanismos alternativos.
La transformación de Japón agrega otro elemento potencialmente importante.
Durante décadas sus tasas de interés cercanas a cero permitieron que enormes cantidades de capital japonés financiaran activos estadounidenses. Pero Japón está subiendo sus tasas mientras la guerra con Irán encarece una energía que importa casi totalmente del medio oriente.
Si una parte importante del ahorro japonés encuentra nuevamente rentabilidad en su propio país, podría disminuir progresivamente la disposición a financiar deuda estadounidense en las condiciones de las últimas décadas. Esto agrega presión sobre un sistema que depende de colocar cantidades crecientes de deuda.
Colombia está viviendo una apreciación excepcional
Ese escenario internacional llega a Colombia de una manera particularmente intensa.
No todas las monedas emergentes se están apreciando. Turquía, India, Indonesia, Egipto, Filipinas y Tailandia han registrado depreciaciones frente al dólar.
Esto es importante porque demuestra que la situación fiscal no explica por sí sola la trayectoria cambiaria.
India adelanta una consolidación fiscal gradual y conserva una política industrial activa, pero su moneda se debilita por el impacto del petróleo y su déficit externo. Turquía combina ajuste fiscal con inflación elevada. Indonesia mantiene su déficit cerca de su límite institucional, pero enfrenta salida de capitales. Egipto registra elevados superávits primarios mientras continúa sufriendo una fuerte carga de deuda.
Colombia, en cambio, está en el extremo contrario. La debilidad internacional del dólar se combina con condiciones internas que multiplican su caída.
El carry trade está fortaleciendo artificialmente al peso
Uno de los factores centrales es el diferencial de tasas. El Banco de la República mantiene una tasa de intervención alrededor del 12%, frente a tasas estadounidenses cercanas al 4%.
Para el capital especulativo, la oportunidad es evidente: conseguir recursos baratos fuera del país, traer dólares, comprar pesos e invertir en TES, CDTs y otros activos con rendimientos considerablemente superiores. El efecto cambiario es directo: entran dólares, aumenta su oferta y el peso se aprecia.
El diferencial de tasas, las remesas, el financiamiento externo y otros flujos explican por qué la caída del dólar ha sido mucho más intensa en Colombia que en otras economías.
De esta manera, una política monetaria diseñada bajo el objetivo casi exclusivo de combatir la inflación produce simultáneamente un efecto negativo sobre la competitividad industrial.
La política cambiaria también es política industrial
El Banco de la República ha anunciado un programa de adquisición de hasta 4.000 millones de dólares para acumular reservas.
La intervención va en la dirección correcta, pero es limitada frente a la magnitud del movimiento cambiario. Diversas autoridades plantean compras mensuales significativamente superiores, advirtiendo simultáneamente que la emisión de pesos correspondiente debería ser esterilizada para evitar presiones inflacionarias.
Sin embargo, la discusión no debería reducirse a escoger entre inflación o tasa de cambio. Ese es precisamente el problema de una concepción excesivamente estrecha de la política monetaria. Los instrumentos macroeconómicos deben coordinarse.
Una verdadera política de reindustrialización necesita integrar tasas de interés, crédito, política comercial, infraestructura, energía, inversión tecnológica y tipo de cambio. Estados Unidos lo está haciendo para recuperar su industria. China lo ha hecho durante décadas para expandirla. India interviene activamente en sus mercados financieros y cambiarios mientras fortalece sectores estratégicos.
Colombia no puede pretender competir internacionalmente renunciando voluntariamente a sus instrumentos de política económica. Una tasa de cambio no puede reemplazar la productividad, pero una apreciación excesiva puede destruir rápidamente la productividad que el país todavía conserva.





